Eran las bodas de oro de Mila y Jose Antonio, los padres de mi amiga Lucía. Qué maravilla seguir así de bien y de felices después de pasar toda una vida juntos. Qué mejor ocasión para reunir a los seres queridos y celebrarlo en su compañía. Ellos querían obsequiar a los invitados a su fiesta con un recuerdo especial que además de bonito resultase útil. No querían el típico regalito que, en el mejor de los casos, acabara olvidado en algún cajón de casa. Lucía les habló de mi y les recomendó pensar en algo que yo pudiese personalizar a mano para que fuese algo original y único.

Mila compró unos bonitos cuencos de loza esmaltada en color hueso y me pidió que pusiera sus iniciales y el número 50. Lo puse en el centro en tonos verdes y oro viejo. Una sencilla caligrafía a pincel con los dos colores sin pretender perfección, que se notase la impronta del pincel, sólo eso. Quedaron muy bonitos y, como os digo, es un recuerdo útil  para poner por ejemplo unos bombones, pastas, frutos secos… o simplemente para guardar bisutería o pequeños objetos y recordar a este feliz matrimonio con tanto cariño como ellos encargaron este detalle para sus amigos y familiares.

Un regalo personalizado es siempre especial. No es necesario gastar mucho ni volverse loco para triunfar con un obsequio. Basta con hacer algo diferente y único para tener el éxito asegurado.

Gracias Lucía!!!

 

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